DE LA RECOMPENSA A LA GAMIFICACIÓN

Cuando mi hijo Santiago estaba aprendiendo amarrar su zapatos, tuve que enseñarle con mucha paciencia como hacerlo, cada 100 pasos teníamos que iniciar el proceso y así incansablemente por más de un mes, ¿o fueron dos meses? ya no me acuerdo, cada éxito que conseguía en atárselos solo, hacíamos una ¡fiesta! y ¡celebración!, un abrazo y una recompensa social inolvidable, hasta que lo consiguió solito; con mi hijo Juancho, la compra de sus primeros guayos y la importancia de tenerlos bien atados para jugar el partido fue suficiente; dos formas diferentes y respetables de aprender, la primera enmarcada en un modelo de recompensa tangible y la segunda desde un modelo de automotivación.

En términos teóricos del aprendizaje: Una conducta que es acompañada en forma contingente por un estado satisfactorio (una recompensa) tiene una alta probabilidad de incrementar su frecuencia a diferencia de una conducta a la que no sigue tal recompensa.

Así mismo, cuando una situación concreta llama la atención de una persona hacia la información que debe aprenderse, se produce el aprendizaje incluso en ausencia de recompensa tangible.

Hoy sabemos que aprender en entornos en donde se suministran adecuadamente las recompensas, da la posibilidad  de tener colaboradores y líderes altamente comprometidos, en donde el aprendizaje esté vinculado directamente a situaciones cotidianas y el colaborador es protagonista activo de su aprendizaje. A través de nuestros sistemas gamificados queremos sumar los elementos que ambienten una propuesta de aprendizaje coherente con la realidad de las organizaciones.

Lo anterior es relevante cuando en la mesa de trabajo nos  dedicamos a estructurar un sistema gamificado para nuestros clientes; encontramos un elemento que es cuestión de reflexión y en ocasiones de discusión,  se trata de los puntos, premios, vidas, castigos, tiempo fuera y en general todos los motivadores extrínsecos (recompensas) que vamos  incorporando a la experiencia de juego y los intrínsecos que vamos administrando para conseguir el equilibrio y ese ambiente de seducción en el juego; todo ello para alinearlos muy bien con el objetivo del juego y el perfil de los  jugadores.

Como pueden ver hasta aquí, un sistema de recompensas se convierte en un elemento esencial del aprendizaje, capaz de dar al traste con el diseño de un sistema gamificado o por el contrario elevarlo a un nivel sublime para el colaborador.

Cada elemento de la recompensa debe ser contrastado desde la perspectiva del aprendizaje, con un análisis detallado y sistemático de la planeación, ejecución y evaluación de los contenidos pedagógicos, pensando en el papel que juega la motivación en la atención y la consolidación de los conocimientos.

No creemos en cuadriculas que encasillen las conductas del jugador, las recompensas debemos dosificarlas con inteligencia, entendiendo que no todo es susceptible de premio o castigo, hay un motivador inconsciente en el jugador, que debemos disparar con la calidad de la historia y la suma de los elementos del sistema; el reto para un sistema gamificado, es enganchar a colaboradores y líderes en un ambiente de compromiso, para aportar autonomía y protagonismo activo con su propio aprendizaje. Sabemos qué acciones pueden provocar resultados interesantes y cuáles no y modificamos la experiencia para conseguirlo; es así como funciona.

Mal haríamos en sugerir unas etapas para definir los PBL de un sistema gamificado, pero aquí deseamos mostrar un ejemplo del diseño de recompensas para el juego “La tienda de la salud”, en donde hemos analizado los elementos que desde la neuroeducación posibilitan una experiencia de aprendizaje memorable.

 

 

Figura 1.1 Matriz de recompensas. El cuadro muestra la distribución de las recompensas para cada nivel del juego “La tienda de la salud”.

Nuestro juego “La Tienda de la salud” tiene como objetivo sensibilizar al colaborador en la importancia que tiene para su salud, liderar acciones preventivas en su trabajo y evitar accidentes y enfermedades laborales, conociendo y aplicando rigurosamente los protocolos del SGSST.

Uno de nuestros clientes dedicado a la instalación y mantenimiento de plantas de tratamiento, decidió tener un plan de recompensas para administrar correctamente los Epp. El objetivo fue mejorar su mantenimiento, almacenaje y porte en las labores técnicas; nuestro sistema gamificado sirvió para entender y corregir los hábitos problema, hacer evaluación, diseñar temáticas de entrenamiento y nombrar el empleado “Top model” de la prevención; a pesar de que no se habían presentado accidentes por el no uso, o el uso incorrecto, mejoraron los hábitos de  administración y uso adecuado de los Epp en un 30%.

Como conclusión, la invitación es a entender desde un modelo sistémico, el aprendizaje y, la recompensa como un elemento poderoso para motivar y consolidar conocimientos significativos.

Las nuevas generaciones de colaboradores (millennials) exigen cambios en las formas de aprender, entonces ¿por qué seguir desgastándonos con herramientas poco útiles?

 

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